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miércoles, 17 de agosto de 2016

Comunicación eficaz: claves en la pareja

Es probable que en más de una ocasión hayáis escuchado: una buena comunicación es la clave para que una pareja funcione. Y de hecho es una de las claves para el buen funcionamiento de una relación, pero la cuestión es… ¿qué es exactamente, qué entendemos por buena comunicación en una pareja?

Una buena comunicación en una relación se va a nutrir de dos componentes principales: saber expresar de manera directa y clara lo que queremos expresar (tanto a nivel verbal como no verbal, sin dar rodeos o “dejar caer las cosas”) y que haya un sentimiento de libertad para expresarnos abierta y libremente con la pareja. Esto es, que ambas partes perciban que pueden decir lo que piensan, cómo se sienten y cuáles son sus ideas sin miedo a la reacción del otro o a sentirse infravalorados.  En este último sentido muchas parejas pueden sufrir carencias, ya sea desde el comienzo de la relación o a partir de cierto punto. Por ejemplo, es común que al inicio de una relación haya cosas que “no se dicen” por miedo a la reacción del otro. O parece que en ocasiones no nos atrevemos o no queremos hablar de cómo nos sentimos, o preguntarle sobre ello a la otra persona, por miedo a cómo pueda responder. Cuando esta tendencia se mantiene a medida que avanza la relación, aparecerá esta falta de libertad para poder comunicarnos.  Pero también es probable que al principio no fuese así y se haya ido desarrollando debido a patrones de comunicación poco eficaces.

Llegados a este punto: ¿qué genera esos patrones de mala comunicación? Faltas de respeto, pocas muestras de afecto y una comunicación basada en reproches e imposición de la opinión del uno sobre el otro son algunos ejemplos que pueden deteriorar la comunicación. Asumir que sabemos lo que la otra persona nos va a decir y no permitirle expresarse, adivinar sus pensamientos, o pretender que adivinen los nuestros (por ejemplo, si algo nos molesta y asumimos que el otro lo tiene que notar y saberlo sin que se lo digamos) generará conflicto y deteriorará la comunicación y la pareja. Por muy bien que se lleguen a conocer dos personas, es irreal asumir que deben saber lo que piensan exactamente en cada momento.

Cuando la comunicación es ineficaz y casi inexistente, la relación de pareja va a estar muy deteriorada y se verá necesitada de atención profesional: terapia de pareja. Antes de llegar a este punto y si detectamos algunos comportamientos como los comentados (o parecidos) podemos tener en cuenta las siguientes consideraciones para mejorar la comunicación:
  •     Empatizar. Es importante que ambas partes de una pareja aprendan a ponerse el uno en el lugar del otro. Intentar comprender cómo se siente la otra persona, si tuviésemos su punto de vista. Esto nos ayudará a comprender mejor su comportamiento y cómo le afecta el nuestro, además de ayudarnos en conflictos.
  •      Hablar sobre cómo nos sentimos o qué pensamos en un momento dado, en lugar de esperar a que la otra persona “se dé cuenta”.  Cuando algo nos moleste, no nos guste, nos inquiete, si estamos pasando un mal momento… comunicárselo a la pareja en lugar de esperar a que el otro lo adivine. Por muy bien que nos conozca, puede no darse. Considerar que debería hacerlo, generará enfado o decepción. Y finalmente derivará probablemente en una discusión o estallaremos más adelante.
  •    No callarnos lo que pensamos por “no discutir”. Cuando se trata de algo importante, si no lo transmitimos y nos lo “tragamos” al final se acumulará y terminaremos por explotar. Si algo nos molesta, lo tenemos que abordar lo antes posible, en un contexto calmado, tras haber disminuido la activación emocional inicial.
  •     Decir lo positivo que vemos en nuestra pareja. Transmitirle a la otra persona lo que nos gusta de ella de manera espontánea, cuando lo sintamos.  Parece que en ocasiones nos resulta más sencillo decir lo que no nos gusta que lo que sí y se nos olvida hacerlo.
  •     Escuchar de manera activa y con interés a la pareja. Si nos cuenta algo mostrar interés, hacer preguntas, escuchar de verdad y no pasivamente. Si una persona no se siente escuchada no se va a sentir bien y dañará a la pareja.
  •     Dejar las acusaciones a un lado y hablar desde el respeto. Cuando haya conflicto, centrar la discusión en resolver la situación, en qué se puede hacer para solucionarlo.
  •     Emplear el lenguaje “yo”. En relación con lo anterior, cuando algo nos moleste expresaremos exactamente qué ha sido, cómo nos hemos sentido y qué queremos, en lugar de entrar a acusar a la otra persona. De manera genérica, sería lo siguiente: “cuando haces esto me haces sentir mal/triste/enfadado/a… y me gustaría que hicieras esto otro”.
  •     No infravalorar la opinión del otro. En algún momento (y puede que en muchos) vamos a disentir con la pareja. Es normal no estar de acuerdo en todo, pero tampoco podemos imponer nuestra opinión o nuestro modo de resolver las cosas a los de la  otra persona. Podemos mantenernos en nuestra posición, pero sin hacer sentir a la otra persona que no la escuchamos o tenemos en cuenta y tratando de resolver conjuntamente el problema.
  •      Basar la relación en confianza mutua. Si ha habido conflictos o problemas severos en el pasado y en teoría han sido resueltos, dejarlos en el pasado. Si no intentar resolverlos, si hace falta con ayuda profesional. Pero centrarnos en ello no nos va ayudar, una vez resuelto el pasado hay que aprender a dejarlo en ahí y confiar en la pareja.
  •      Buscar ayuda profesional. Si nos encontramos en una relación muy conflictiva, en la que la comunicación es deficitaria y la pareja está muy deteriorada una buena opción es plantearse una terapia de pareja.

Todos estos “tips” o pautas van a ayudar a mejorar la comunicación a pesar de que no hará que los conflictos desaparezcan. Pero sí nos ayudará a gestionarlos mejor. No obstante hay algo que debemos considerar en todo momento y es que además de comunicarnos efectivamente tenemos que asegurarnos de compartir buenos momentos con la pareja. Hacer cosas juntos y fomentar el afecto positivo, expresar nuestros sentimientos por la otra persona de manera abierta y directa. Para que una relación funcione, debe haber un interés del uno en el otro y querer compartir tiempo, momentos y recuerdos.


miércoles, 15 de junio de 2016

¿Se puede perdonar una infidelidad?

La fidelidad es una de las bases sobre las que se construye una gran mayoría –no todas- de las parejas y matrimonios, por lo que no es de extrañar que la infidelidad sea una de las causas principales de las separaciones, así como que su superación se encuentre entre los motivos más comunes a la hora de buscar ayuda psicológica para iniciar terapia de pareja.
Perdonar una infidelidad es algo muy personal. Sin embargo, es cierto que desde una situación hipotética, muchas personas afirman que no estarían dispuestas a perdonar una infidelidad, ya sea porque creen que no serían capaces o porque entre sus valores no entra este hecho como algo admisible en una pareja. Pero, ¿Realmente es imposible perdonar una infidelidad? ¿Se puede verdaderamente hacer borrón y cuenta nueva? ¿Es bueno perdonar una infidelidad o es un error?
Todo depende. Es importante señalar que cada caso es particular y concreto, lleno de matices como la vida misma. Tanto es así, que el concepto de infidelidad ni siquiera es universal; no todas las personas entienden esta conducta de la misma manera. De la misma forma, existen muchos tipos de relaciones, y por lo tanto, muchas promesas y compromisos diferentes entre dos personas, por lo cual, serán ambos miembros de cada pareja en particular los que establecerán de forma implícita o explícita sus propios compromisos.
La infidelidad es una de las principales causas de separaciones y casi siempre está provocada por la insatisfacción de una de las partes con el tipo de relación que están llevando; ya sea por el desgaste, o por la monotonía, quizás por el mantenimiento de una relación con conflictos persistentes, o tal vez por la existencia de insatisfacción sexual. Las causas pueden ser múltiples. Fuere cual fuere, lo cierto es que dichas causas no entienden de género y al fin y al cabo, son una elección personal. Quizás lo más lógico sería que la persona que está insatisfecha hable de sus sentimientos con la otra persona y que ambos se esfuercen por encontrar una solución, pero en muchos casos esto no ocurre y la parte descontenta busca el cariño, el apoyo, la comprensión o el sexo fuera de la relación de pareja.
Así pues, la infidelidad en la pareja evidencia una crisis dentro de la relación, un punto de inflexión en el que se deberá optar entre continuar la relación o iniciar una separación.
No todas las parejas en las que se da una infidelidad se separan. Algunas parejas se reconcilian, superan el problema y continúan. En este sentido, a pesar de los efectos negativos que genera una infidelidad tanto a nivel de pareja como individual, hay personas que prefieren centrarse en las cualidades positivas de su pareja y superar este obstáculo, llegando incluso a fortalecer su relación. Pero este proceso de reconciliación no siempre es fácil; de hecho, muchas veces es necesaria la ayuda terapéutica mediante terapia de pareja para llevar a cabo esta reconciliación. La terapia de pareja es una elección que guiará el proceso y facilitará la recuperación, fortaleciendo la pareja y dotándola de estrategias para afrontar las áreas donde se encontraba dañada. Asimismo, con la colaboración de ambos miembros de la pareja, ayudará a introducir los ajustes necesarios en la relación y a gestionar adecuadamente las emociones que una infidelidad puede conllevar en ambas partes (rencor, desconfianza, rabia, culpa, inseguridad, temor, etc.).
Sin embargo, en la otra cara de la moneda, hay parejas que optan por separarse. Puede ocurrir cuando la persona que ha sido infiel decide iniciar una relación con la tercera persona, o cuando hay circunstancias en las que la ruptura de compromiso que se ha producido provoca profundos sentimientos negativos de dolor acumulado en uno o ambos miembros de la pareja, junto a la sensación de no estar ante una situación reparable. En estos casos, es útil un trabajo psicológico individual en el que se elaborará el duelo por el fin de la relación y se empezará a enfocar la nueva etapa vital a la que cada uno, independientemente, deberá enfrentarse.


Sin duda, no existen respuestas a si se debe o no perdonar una infidelidad. Cuando median sentimientos y muchos años de relación, las variables se complican. Lo más importante es tomar una decisión de forma consciente, que conectes con tus sentimientos y determines qué quieres realmente. Y por supuesto, no dudes en buscar ayuda si no sabes cómo afrontar esta situación.  

viernes, 6 de mayo de 2016

Sin ti no soy nada -o dependencia emocional-.


Amar no es sinónimo de sufrir, y aunque pueda parecer una afirmación obvia, lo cierto es que es necesario recordarlo a veces.

“Sin ti no soy nada”, “No puedo vivir sin ti”, “Si me dices ven lo dejo todo”. Indudablemente, el amor es una esencia elemental en nuestras vidas, y su obtención, una necesidad básica del ser humano. Sin embargo, cuando esta necesidad afectiva se convierte en una necesidad extrema y continua que obliga a satisfacerla en el ámbito de las relaciones de pareja, se convierte en dependencia emocional, y gran parte de la vida de estas personas gira en torno al amor.

Las personas dependientes temen a la ruptura y a la soledad. Sin pareja se sienten abandonadas, solas ante el “peligro”, como ni no pudieran enfrentarse al mundo si no es en compañía de alguien, y ese alguien lo focalizan en la pareja. Ese temor, ese miedo, lleva a la tendencia de encadenar relaciones. Estas personas –no todas- suelen ennoviarse desde la adolescencia, o desde muy jóvenes, estando de una manera u otra con alguien. Tras una ruptura, por muy catastrófica o insatisfactoria que haya sido la relación, intentan reanudarla o bien buscan a otra persona que cubra esa necesidad tan extrema de estar acompañadas de alguien. Así pues, aunque este patrón se pueda dar únicamente en una relación, lo habitual es que se suela repetir a lo largo de todas ellas. Los pensamientos, emociones y conductas que refieren a estas personas dependientes vendrían a responder a una (baja) autoestima que depende más del exterior, en vez de confiar en uno mismo. Se trata de amores “descompensado” donde se ama mucho al otro y muy poco a uno mismo.

A menudo puede darse que la persona dependiente busque a una pareja más dominante para crear de esta forma una especie de equilibrio, el cual ni es positivo ni sano para ninguna de las partes. Es más, en cierta manera, estas relaciones se pueden ver a largo plazo como una adicción, en la cual la vida de la persona dependiente se restringe, como ya hemos comentado, a su relación de pareja, y sus sentimientos oscilan en función de la vida, sentimientos, y decisiones de la otra persona, anteponiendo así en todo momento las necesidades de sus parejas a las suyas. Se crea una especie de círculo vicioso en el que la persona enfoca su prioridad en su relación sentimental y se distancia de su círculo de apoyo, a los que puede llegar a considerar una amenaza en su relación. Como resultado, la persona termina apoyándose cada vez más en su pareja, y por lo tanto, la dependencia aumenta.

Ante esta situación, en los casos más extremos, el deterioro social, familiar, laboral y personal del dependiente emocional puede llegar a ser tremendo. La dependencia emocional en sí no es una enfermedad, pero sí puede ser un detonante para otras patologías como la ansiedad, depresión y otra serie de trastornos.

Por tanto, es fundamental intervenir para cortar con los daños que provoca ese patrón de relacionarse. Acudir a terapia puede ser de gran ayuda, pero para ello, lo primero y esencial es ser capaz de reconocer que hay un problema. Reforzar la autoestima, superar el miedo a perder a la otra persona, saber que "Yo soy yo y tú eres tú",  y tener claro que nadie va a poder cubrir las necesidades afectivas de uno mismo y que sólo nosotros podemos hacerlo, serán algunas de las líneas claves la terapia.

Por último, finalizar este artículo destacando tres pilares fundamentales que deberíamos tener grabados a fuego:
1. Aunque la dependencia hacia una persona pueda parecer amor, realmente no es lo es. 
2. La persona que quieres o amas es una parte importante de tu vida pero no la única. Cuando tienes  aficiones, pasiones y opiniones propias, enriqueces la relación; cuando te anulas la empobreces.
3. Sin ti no soy nada . Sin mí no soy nada.